Una vida dedicada al quirófano

rivasok--575x323José Rivas se jubila hoy en el Clínico tras haber operado a más de 15.000 pacientes.
Este especialista  en cirugía general y digestiva deja su trabajo en el SAS al cumplir 65 años, pero continuará con su labor en la privada.

Los pasillos del Hospital Clínico Universitario ya no serán los mismos sin encontrarse en ellos a José Rivas Marín, un cirujano vocacional que a lo largo de su trayectoria profesional ha operado a más de 15.000 pacientes. Hoy, día en que cumple 65 años, entrará por última vez a un quirófano de ese centro hospitalario (al menos de forma oficial) para participar en una intervención de un enfermo con un tumor. «Podría haber seguido dos años más, pero he decidido que ha llegado el momento de jubilarme en la sanidad pública, aunque continuaré operando en la privada. Lo que voy a echar más de menos es a mis compañeros del Clínico, desde los celadores hasta los más eminentes cirujanos», explica el doctor Rivas.

La persona que más le enseñó lo que es el trabajo de un médico fue su padre, José Rivas Torres. Con él, con solo 17 años, empezó a conocer los rudimentos de la cirugía en los quirófanos del Hospital Civil cuando este centro dependía de la DiputaciónProvincial. Mientras cursaba la carrera (pertenece la primera promoción de la Facultad de Medicina de Málaga), José Rivas acompañaba a su padre en las operaciones y se impregnaba del ansia por aprender y de la tranquilidad de conciencia que da hacer las cosas bien.

«Mi profesión es lo más importante tras mi familia», reconoce.

Una vez licenciado, empezó a ejercer en Civil en el año 1977 hasta que en 1989 se produjo la apertura del Hospital Clínico, donde ha participado en infinidad de intervenciones de gran complejidad, como, por ejemplo las de cirugía bariátrica (de la obesidad). La cirugía es la gran pasión del doctor Rivas, un amor que comparte con el que siente por su familia.

«Me voy del Clínico en contra de la opinión del gerente del hospital, José Luis Doña, que quería que siguiera. Creo que ha llegado el momento de bajar el ritmo de trabajo. Físicamente, no puedo estar operando diez o doce horas al día. Voy a seguir ejerciendo en la sanidad privada, pero de forma menos intensa que hasta ahora», señala el cirujano.

Su mejor maestro

Igual que su padre fue su mejor maestro, José Rivas aconseja a su hijo, José Rivas Becerra, también cirujano general y digestivo. La semana pasada, durante la celebración del primer curso de cirugía bariátrica José Rivas Marín, el cirujano llevó a cabo el mismo gesto que hizo su padre con él hace muchos años. En una de las operaciones realizadas en el citado curso, que se retransmitía por circuito cerrado de televisión y que podía verse en el salón de actos del Clínico, José Rivas, antes de concluir la intervención, tomó la palabra y dijo, visiblemente emocionado:«Me van a permitir que pida permiso para que esta operación la termine mi hijo».

Al ser preguntado por lo que más le gusta de su profesión, responde, convencido de ello: «Me gusta todo mi trabajo. He operado diversas patologías. Como me agrada enfrentarme a los retos difíciles, me he especializado en la cirugía bariátrica o de la obesidad».

Consciente de que añorará ir al Clínico a trabajar, reseña que nunca ha tenido problemas con enfermos directos suyos. «Cuento con muchos amigos tanto entre los compañeros como entre los pacientes. Es duro irme del hospital, pero es momento de reducir el ritmo de trabajo», dice con la voz entrecortada.

Respecto a su especialidad, el doctor Rivas explica que la técnica de la laparoscopia ha revolucionado la cirugía. «Mi profesión es lo más importante tras mi familia. Voy a seguir operando, pero lo haré sin estar tantas horas diariamente en un quirófano», señala. Y cuenta lo que le dijo un trabajador del Clínico al saber que se jubilaba. «Este hospital no se comprenderá igual sin verlo a usted, doctor Rivas».

 

Noticia en: Diario Sur 

Fotografia: Diario Sur,

 

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